El nacimiento dentro del ANMI San Matías, marca el primer registro exitoso en Bolivia del uso de cajas nido para la reproducción de la paraba azul (Anodorhynchus hyacinthinus). El resultado es fruto de un trabajo conjunto entre guardaparques, investigadores y organizaciones de conservación que buscan ofrecer una alternativa ante la pérdida de árboles adecuados para la nidificación, los incendios recurrentes y la creciente competencia por alimento y cavidades naturales.
Por: Erika Bayá Santos
El Área Natural de Manejo Integrado ANMI San Matías está celebrando el nacimiento de Saturnina y Avelino, los primeros pichones de paraba azul Anodorhynchus hyacinthinus que rompieron el cascarón en una caja nido en Candelaria, una de las comunidades de la zona norte. Se trata del primer registro exitoso de esta especie en el pantanal boliviano, a partir del uso de una de estas estructuras, un resultado que investigadores y guardaparques esperaban desde que comenzaron a experimentar con ellas hace seis meses.
Durante meses, una pareja de parabas azules habitó la caja ubicada en el patio trasero de una casa del retiro El Cussy, acondicionándola hasta convertirla en un lugar apropiado para reproducirse. Los guardaparques del ANMI San Matías siguieron ese proceso, intuían que la familia estaba creciendo por que la pareja no se movía del lugar.

El nacimiento de Saturnina y Avelino, cuyos nombres son un homenaje a los primeros pobladores de esas tierras, convierte un experimento de conservación, utilizado con éxito con la paraba barba azul Ara glaucogularis, en el primer registro de éxito del uso de cajas nido con la paraba azul en Bolivia. “El resultado es fruto del trabajo conjunto entre el SERNAP, los guardaparques del ANMI San Matías, CLB y World Parrot Trust, con apoyo del zoológico de Phoenix” resaltó Rafael Mounzon, director de la Fundación para la Conservación de Loros en Bolivia (CLB).

Según Mounzón ya se han colocado treinta cajas en toda el área protegida: Candelaria, Santo Rosario, Santo Corazón, San Fernando, Pozones. “Tenemos cubierta toda la zona por distintas cantidades de cajas en cada lugar. En San Matías por la dificultad de los caminos se complica la logística y por esta razón en algunos lugares hay menos cajas”, explicó.
Tratándose de la paraba más grande de todas, la construcción de las cajas fue un desafío, pero finalmente estas cajas son cinco centímetros más grandes que las cajas de la paraba barba azul que es una especie más pequeña. Eso sí, estas cajas, por recomendación de los guardaparques, tienen la entrada de una madera más gruesa ya que a estas aves les gusta morder y trabajar su nido.
“A raíz del nacimiento de estos pichones hemos visto mucha emoción, tanto por parte de los guardaparques como de la comunidad. Queremos aprovechar esta etapa para involucrar cada vez más a los pobladores locales, a los estudiantes de la escuela: hacerlos partícipes de la elaboración de las cajas nido, formar monitores ambientales, buscando también generar más oportunidades de empleo a partir de la conservación”, expresó con notable entusiasmo el director de CLB.
“La idea es fomentar la observación de aves entre la población local y lograr que, en algún momento, Santo Rosario, Candelaria, San Fernando y Santo Corazón puedan convertirse en lugares importantes para el aviturismo, porque tienen mucho potencial”.
¿Por qué cajas nido en el Pantanal boliviano?
La respuesta la tiene Ricardo Barbery, un guardaparque que lleva 29 años patrullando el área y que conoce de cerca el comportamiento del Pantanal, así como la flora y fauna de este bioma. Su diagnóstico es contundente: la paraba azul está perdiendo hábitat y alimento.
Los incendios recurrentes desde 2019, incluido el gran incendio de 2024, que dejó en cenizas el 75% del ANMI San Matías, destruyeron árboles de gran porte que las parabas utilizaban para nidificar. También se quemaron palmeras de motacú y totaí que todavía no han logrado desarrollarse lo suficiente para volver a producir frutos. Para Barbery, esta pérdida ha incrementado la competencia entre las especies por los sitios de nidificación y por el alimento.
“Hace cuatro años, el loro hablador, la cotorrita amarilla y la parabachi no dañaban los cultivos. Hoy ya están empezando a comer plátano, plantas de coco, todo lo que antes no comían”, relata.
En este contexto, la competencia se ha trasladado a los lugares de nidificación. Según el guardaparque, aunque en el sector del Pantanal donde habita la paraba azul la principal amenaza no es la deforestación, existe una creciente presión de otras especies que compiten por las cavidades naturales, como la paraba roja y los tucanes. Con este escenario, considera que las cajas nido pueden convertirse en una alternativa.

Barbery recuerda que, durante los censos realizados años atrás, encontraron árboles de sujo de gran tamaño y con cavidades apropiadas para la reproducción de las parabas. Muchos de esos árboles no resistieron los incendios. “Seis años de incendios desde 2019 acabaron con su hábitat”, afirma.
Ante la reducción de estos árboles, las parabas han comenzado a utilizar especies de menor diámetro, como el tarumá y el totaí, donde, según Barbery, los intentos de nidificación suelen fracasar. Al mismo tiempo, la especie ha empezado a aparecer en lugares donde antes no era habitual encontrarla. “Ahora se la ve en Santo Corazón, donde las parabas antes no llegaban”, señala.
Para el guardaparque, el tráfico de aves no representa actualmente el principal riesgo para la paraba azul. La amenaza está en el fuego y en la posibilidad de que las aves no encuentren suficientes árboles para nidificar ni alimento disponible. A esto suma la deforestación que, según afirma, continúa en algunas zonas por la expansión de comunidades menonitas.
La mirada de Antonio Tacuchaba, también guardaparque del ANMI San Matías, coincide en un punto central: “Se ha roto el equilibrio natural en San Matías”. A su juicio, esta alteración ha intensificado la competencia entre las especies, el cambio climático y los incendios están afectando a la paraba azul.
Saturnina y Avelino son, por ahora, dos pequeñas señales de esperanza en una de las áreas protegidas del Pantanal boliviano, marcado por el fuego y la pérdida de hábitat. Su nacimiento abre también una nueva etapa para la conservación de la paraba azul en San Matías: ampliar el uso de cajas nido, involucrar a las comunidades en el monitoreo y convertir la protección de la especie en una oportunidad para generar conocimiento, participación y nuevas alternativas económicas vinculadas a la conservación.
Foto de portada: René Ibañez / CLB
