Brasil está haciendo sus mejores esfuerzos para frenar la pérdida de bosques, sin embargo, aun encabeza la lista. En Bolivia la expansión agrícola y el uso del fuego para habilitar tierras productivas, mantienen una presión constante sobre los ecosistemas forestales. En la República Democrática del Congo la deforestación no asociada a incendios alcanzó un máximo histórico.

La pérdida de selvas tropicales primarias en el mundo se redujo un 36 % en 2025 respecto al año anterior, según el más reciente informe de Global Forest Watch. Sin embargo, detrás de esta aparente mejora global, Bolivia se mantiene como uno de los focos más críticos de deforestación, ocupando nuevamente el segundo lugar en pérdida de bosque tropical primario a nivel mundial.

De acuerdo con el análisis, el país registró su segundo nivel más alto de pérdida de bosque primario desde que existen registros, en gran parte como consecuencia de los incendios severos de 2024. Este dato resulta aún más alarmante si se considera que Bolivia tiene alrededor de un 60 % menos de bosque primario que otros países tropicales, pero aun así ha superado otra vez a la República Democrática del Congo RDC en pérdida absoluta.

El informe señala que la deforestación en Bolivia está estrechamente vinculada a la expansión agrícola y al uso del fuego para habilitar tierras productivas, una práctica que mantiene una presión constante sobre los ecosistemas forestales. En este contexto, especialistas advierten que romper este ciclo requerirá controles más estrictos sobre el uso del fuego y limitaciones severas a la conversión de áreas boscosas.

Según Matt Hanson, profesor de la Universidad de Maryland y director del Laboratorio de Descubrimiento y Análisis Territorial Mundial, Bolivia, en los últimos cinco años, se ha unido a la RDC, Brasil e Indonesia. “Son 11 millones de personas con una pérdida anómala bastante alta en cuanto a las conversiones y las dinámicas de incendios que reflejan la falta de gobierno y que también están mostrando una falta de conciencia en la población boliviana”.

Para el investigador boliviano Stasiek Czaplicki Cabezas, a diferencia de Brasil, dónde se están aplicando instrumentos más exigentes para las actividades económicas con instituciones fuertes, en Bolivia el gobierno aún no ha liberado ni un solo cálculo de las pérdidas forestales de 2024 ni 2025. “En Bolivia, hay una falta, una ausencia completa de datos”

“Estamos en una primera etapa para establecer un costo más alto para la deforestación y esto normalmente se debe de hacer a través de políticas de comando y control, teniendo más sanciones para la deforestación ilegal, una mejor planeación, etcétera”,

Para el ingeniero forestal Walter Titze, la pérdida de bosques tropicales primarios va mucho más allá de la desaparición de árboles. “Las pérdidas son incalculables”, advierte. No solo se trata de biodiversidad visible, sino también de la microflora y microbiota de los suelos, de complejas redes de vida que sostienen ecosistemas enteros y cuya dimensión aún no ha sido plenamente medida. A ello se suman los bienes y servicios ambientales que estos bosques proveen —como la regulación del clima, la protección frente a vientos, la producción de agua y el secuestro de carbono—, fundamentales, pero difícilmente cuantificables.

En ese sentido, subraya que los bosques primarios son sistemas que han tardado siglos en formarse, pero que tristemente desaparecen en cuestión de meses. “Se desmontan 30.000 o 40.000 hectáreas de un plumazo, y ni siquiera se aprovecha adecuadamente esa biomasa: se quema y el carbono vuelve a la atmósfera”, explica. El resultado, añade, es devastador: “Estamos hablando de hasta 150 años de secuestro de carbono que se pierden en apenas tres meses, liberados por las quemas”.

Volviendo al informe. La situación en la República Democrática del Congo muestra una dinámica distinta, aunque igualmente preocupante. Si bien la pérdida total de bosque primario disminuyó ligeramente en 2025, la deforestación no asociada a incendios alcanzó un máximo histórico. Este fenómeno está impulsado principalmente por la agricultura de pequeña escala, la producción de leña y carbón vegetal, así como por el desplazamiento de poblaciones debido a conflictos y la creciente presión de la minería.

El reporte también advierte que, en la cuenca del Congo, la deforestación continúa siendo alarmantemente alta en varias regiones, incluso en territorios bajo manejo comunitario. La minería, en particular, emerge como un factor indirecto más relevante de lo que se había estimado anteriormente, intensificando la degradación de los bosques.

En contraste, Brasil sigue como el principal impulsor de la reducción global de la pérdida de bosques en 2025. Aunque logró disminuir en un 41 % la pérdida de bosque primario no causada por incendios, alcanzando su nivel más bajo registrado. Este avance se atribuye a políticas ambientales más estrictas, una mayor fiscalización y el fortalecimiento de planes de control de la deforestación.

No obstante, el informe advierte que, pese a estos resultados positivos, Brasil sigue concentrando la mayor pérdida absoluta de bosques debido a la extensión de su territorio forestal. Además, el incremento del riesgo de incendios, agravado por el cambio climático, amenaza con revertir los avances logrados.

A nivel global, el panorama sigue siendo crítico. En 2025 se perdieron 4,3 millones de hectáreas de selva tropical primaria, una cifra que, aunque menor que la del año anterior, sigue siendo un 46 % más alta que hace una década. La pérdida ocurre a un ritmo equivalente a 11 canchas de fútbol por minuto.

Además, los incendios forestales se han consolidado como una amenaza creciente, representando el 42 % de la pérdida total de cobertura arbórea en el mundo. Este fenómeno está estrechamente ligado al cambio climático, que genera condiciones más cálidas y secas, favoreciendo la propagación del fuego y alimentando un ciclo de retroalimentación que acelera la degradación de los bosques.

Pese a los avances en algunos países, los niveles actuales de deforestación se mantienen aproximadamente un 70 % por encima de lo necesario para cumplir la meta global de detener y revertir la pérdida de bosques para 2030. En este escenario, Bolivia, la República Democrática del Congo y Brasil reflejan tres caras distintas de una misma crisis: la presión persistente sobre los bosques tropicales y la urgencia de fortalecer políticas, control y alternativas económicas sostenibles.

Escalar la acción para encaminarse hacia el año 2030

Cumplir las metas globales de detener y revertir la pérdida de bosques para 2030 no dependerá únicamente de la voluntad política, sino también de la capacidad de sostener inversiones y consolidar instrumentos clave de financiamiento y regulación. Entre los factores decisivos están el fortalecimiento del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (Tropical Forest Forever Facility – TFFF) y la implementación efectiva de normativas como el Reglamento de la Unión Europea sobre Deforestación (EUDR), cuyo alcance marcará el ritmo de la acción internacional.

“El progreso que estamos viendo en países como Brasil y Colombia es alentador, pero está lejos de estar asegurado”, advirtió Rod Taylor. “Son ejemplos de lo que se puede lograr para frenar la deforestación, pero también un recordatorio de que el futuro de los bosques depende, en gran medida, de decisiones políticas sostenidas y de la capacidad de adaptación frente a un clima cada vez más inestable”.

El 2026 será un año decisivo. La posible intensificación del fenómeno de El Niño podría elevar el riesgo de incendios, mientras que los procesos electorales en varios países con grandes extensiones forestales pondrán a prueba la continuidad —o retroceso— de las políticas ambientales.

Innovación tecnológica en el horizonte

En paralelo, la tecnología comienza a perfilarse como un aliado clave en la protección de los bosques. Anunciaron que, a partir del próximo año, los datos sobre pérdida de cobertura arbórea estarán completamente integrados en Global Nature Watch, una herramienta impulsada por inteligencia artificial que se apoya en la base científica de Global Forest Watch y el Land & Carbon Lab. Su interfaz, similar a un chat, permitirá explorar información compleja de forma más accesible.

La plataforma evolucionará para ofrecer análisis más profundos y detallados a escala nacional, facilitando el acceso a grandes volúmenes de datos de manera más oportuna y útil para la toma de decisiones. El objetivo es claro: convertir la información en una herramienta práctica para anticipar riesgos y actuar con mayor rapidez.

“El progreso del último año demuestra que es posible reducir la pérdida de bosques, pero con El Niño en el horizonte, este es el momento de redoblar esfuerzos”, señaló Kelly Levin. “Contar con datos más accesibles permitirá a quienes trabajan en la protección y restauración de la naturaleza detectar cambios a tiempo y responder con mayor certeza”.

Imagen principal: deforestación con quemas para habilitar terrenos de cultivo en la Chiquitanía. Foto: Ernst Drawert / RAI Bolivia

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